No puedo dormir. Los sábados mi cabeza se ha vuelto una bomba de nitrógeno inestable, la que solo necesita de un empujón para estallar.
Me duelen los senos. Quiero menstruar con desesperación. Es quitarse la idea de maternidad de encima.
Aquel amigo me pidió una foto desnuda. Peleamos. No quiero darle nada que yo no quiera a nadie. Es como si algo se hubiera arreglado dentro de mí para darme cuenta de que ahora es mi manera... o la carretera.
Ni tengo una manera, me la estoy construyendo. No estoy anestesiada, no estoy decepcionada, no soy víctima. No soy amatoria, no soy promiscua, no soy mujer, no soy procreadora. Pero sí soy.
Pienso en lo que he experimentado. No siento ni lástima, ni dolor ni placer, quizá un dejo de desprecio, porque la crueldad per se es un repelente. Ese es mi voto; no amar, pero no aplastar la nariz en la mierda fresca.
Yo amé. Cabrón, de un modo ingenuo y ridículo.
Yo amo. A una historia que no sé cómo terminará.
Yo amaré. Porque vacié todo lo que traía, pero eso se regenera. Tendré más.
Y podré llenar litros, comprar regalos para alguien que no veré en meses y escribirle las mejores líneas, la diferencia es que se lo daré a alguien que tenga ganas.
Ya me había dicho un hombre: "Da eso a alguien a quien sí le importe. Valdrá la pena".
Certeza sabe a domingo.
Y a Jef, le voy a regalar una planta para que la cuide, en sintonía con el freelance que me cayó del cielo, y entienda que ella no le va a hacer daño. Hará el papel que yo no pude.
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