Una vez nos quedamos viendo como 20 minutos. Eran tiempos más simples, en los que me caí de cuello en un cuarto de hotel de Tlalpan y nos reímos. ¿Dónde quedó la promesa del perro chico, como Rocco y el grande, como Jammal?
No quedó nada en la última conversación que tuvimos, en la que yo, compulsivamente, te pedía que no te fueras. La recordaré como el día en el que no soportaste mi llanto, y colgaste.
Lo demás ha sido un enfrentamiento con mis deseos, en los que en el fondo no deseó llamar a una línea ocupada. En la que no deseo ser la novia de los domingos. En la que deseo ser deseada, apoyada, cubierta para salir disparando.
Me encontré a mi maestro, con su esposa. La tomaba de una mano con una seguridad que reconocí en ti. Era cómo un recuerdo de que el tiempo se había congelado en un instante que ese mismo profesor nos contaba: le había apostado al amor. Y en esa situación, en la que mi madre me acompañaba, entendí qué significa «apostarle al amor» de verdad. Tú y yo no estuvimos lejos de lograrlo. Yo esperé dieciocho meses para que estuvieras listo. Yo esperé con el cuerpo sudado que fueras a recoger ese cuerpo, que te «pertenecía» en un sentido no romántico, sino práctico. Me toca seguir adelante, soltando el cadáver. Cuesta tanto que siete años sean polvo. Y el polvo también hacer arcilla o ladrillos de cocaína.
sábado, 15 de marzo de 2014
martes, 4 de marzo de 2014
Peach Melba
Es helado, pero es recuerdo de un cuento, en el que una niña pide uno y raspa con la cuchara de mango largo el fondo con líquido rosado, tras haber comido la cereza de un mordisco.
Life is peachy
Hoy vi el atardecer que reventaba de rosa mientras íbamos por el Circuito Interior y descubrí cómo se me inflaba el pecho para suspirar. Luego frenamos intempestivamente y regresé a la vida, esa en la que el Sol me hace daño.
lunes, 3 de marzo de 2014
Al padre de mis hijos
Quiero que seas el padre de mis hijos, porque no veo a alguien que pueda amarlos más, enseñarles más, procurarles que el alma sea bondadosa y gentil. Porque no hay nadie en este mundo a quien desee darle mi vientre para hacer un proyecto juntos, en el que sí se hace bien habrá seres humanos que rechazarán el maletín del dinero sucio y sentirán que la vida es maravillosa hasta que ya no lo sea.
Y no conozco a nadie más, a quien en la vejez le agradezcan por una paternidad, como pueda ser entendida, en este siglo XXI.
Y no conozco a nadie más, a quien en la vejez le agradezcan por una paternidad, como pueda ser entendida, en este siglo XXI.
Tormentas en vasos de agua
Estoy atormentada y no se me ha quitado la cara de muerte que traigo encima. Dramatizo, pero hoy hablamos de que este adiós con Edgar era para siempre. Para siempre. Para siempre. Una palabra no permitida a los hombres y que, sin embargo, ha quedado grabada en mí.
Salto, salto, salto... De alegría. Porque de ese hombre lo único que amaba era un reflejo inexistente.
Estoy diez veces más atormentada. Pero ya saldremos de esta, Scooby.
Salto, salto, salto... De alegría. Porque de ese hombre lo único que amaba era un reflejo inexistente.
Estoy diez veces más atormentada. Pero ya saldremos de esta, Scooby.
Hasta siempre
Espero. El café del lugar sabe a cola, así que tomo té y esperó un par de horas. Espero a la persona que, sin querer, llevo viendo un año. Para platicar y para coger. Para hablar noches enteras. Para dormir. Nuestra medianía en todos sentidos es absoluta. Podría irme mañana a mi casa y olvidaré que existe unas semanas. Mereces lo que sueñas, ¿no?
La imagen que me gustó de aquel cuerpo de camisa blanca, sosteniendo la cámara, aplastado por el deseo sudoroso de capturar la imagen que era “necesaria” se borra cada día que lo veo, dudoso, angustiado por los miedos más infantiles y con los deseos más imposibles. No puedo decir nada, porque bajo qué poder mi sueño o mi afán es válido. Yo voy a hacer un doctorado que a quién coños le importa.
Estoy en el café que visitaba con Ariel, mi mejor amigo de meses. Podíamos pasar horas hablando por teléfono, y creo que no necesitaba nada. Él pedía una bebida muy específica, con dobles o triples cargas. Venti es de mal gusto, me decía. Y yo pedía Venti porque sí, porque ya era de mal gusto la situación.
Fue también en este café en donde le dije que estaba por su cuenta, tras cuestionar mi acercamiento con Mitchel Johnson, el piloto asesino gringo que me llevó a Garibaldi a conocer el Tenampa.
Me es fácil abandonar, cortar de tajo, ver las líneas de sangre escurrir. Sé causar dolor y eso me crea una culpa infinita. Sólo protejo a dos o tres personas de mis palabras, entonces para los demás queda la complacencia y la lejanía porque no tiene sentido fingir que soy una buena persona. Soy carne cruda que se pudre día tras día bajo la idea de que es finita.
No busco el perdón de nadie ya. Ariel aprendió a vivir sin mí y yo sin él con el pasar del tiempo. Edgar aprendió a vivir con su inmenso egoísmo y sus mentiras repetidas hasta ser verdad.
Hoy será el día en que deje de ver al hombre de la cámara, porque no me basta con ese vínculo pobre y desahuciado.
Me estoy preparando para mi examen y en ello se me va a ir a la semana. Un paso más para iniciar el doctorado, un paso más cerca para no iniciar el doctorado.
Que alguien me bendiga, me ayude, me salve o me aconseje: nadie me dijo sobre las pésimas decisiones de vida.
The lil' prince
Veo la última vitamina verde vejiga del frasco sobre la mesa blanca. Baja por mi traquea no sin antes atorarse un poco. Luego voy por el ácido fólico, la Keratin Enhance y los ácidos omega. Pienso mucho en la manera en la que me convertí en una maniática de la salud nada más por seguir el rastro de vida, por querer vida, por tener un estómago de grapas metálicas que, paradojicamente, me hacen anormalmente sana.
Estoy mal de la cabeza, dicen, porque pienso demasiado tiempo en coger. Estoy mal, dicen, porque debo ser cuidadosa con lo que deseo. Estoy mal, dicen, porque quiero el éxtasis todo el tiempo. Porque amo humo.
Debería sentirme plana, gris y monótona, ¿no?; pero me siento lunar, sonriente y salpicada de ideas o sueños. Otro día. Dejamos para otro día la miseria moral en la que sucumbo.
La oficina es fría y mi mesa está pegajosa, la limpiaré sin que eso haga la diferencia en nada. O en todo. Dejo abierta la posibilidad de la rutina.
Hoy que me bañaba, con ese ritual de shampoo, jabón, exfoliante y crema para la ducha, recordé la simpleza de mis baños de dos canciones. Siete minutos bastaban. Ahorraba agua.
Mis placeres son aquellos que me parecían lejanos: la taza de café antes de cualquier movimiento, el baño caliente, el desmaquillante en toallitas, el vibrador rosa.
Aún no soy ni una flor ni un zorro domesticado, pero qué no pinches mames cerca de ser un lugar común.
Estoy mal de la cabeza, dicen, porque pienso demasiado tiempo en coger. Estoy mal, dicen, porque debo ser cuidadosa con lo que deseo. Estoy mal, dicen, porque quiero el éxtasis todo el tiempo. Porque amo humo.
Debería sentirme plana, gris y monótona, ¿no?; pero me siento lunar, sonriente y salpicada de ideas o sueños. Otro día. Dejamos para otro día la miseria moral en la que sucumbo.
La oficina es fría y mi mesa está pegajosa, la limpiaré sin que eso haga la diferencia en nada. O en todo. Dejo abierta la posibilidad de la rutina.
Hoy que me bañaba, con ese ritual de shampoo, jabón, exfoliante y crema para la ducha, recordé la simpleza de mis baños de dos canciones. Siete minutos bastaban. Ahorraba agua.
Mis placeres son aquellos que me parecían lejanos: la taza de café antes de cualquier movimiento, el baño caliente, el desmaquillante en toallitas, el vibrador rosa.
Aún no soy ni una flor ni un zorro domesticado, pero qué no pinches mames cerca de ser un lugar común.
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