martes, 29 de enero de 2013

Adiós, Coco.

Coco me olfateó la cara. Si yo soy un perrote negro labrador con alma de gato, Coco está habitada por un perrillo curioso.
Siento unas pezuñas en el estómago, despierto y observo que a dos centímetros de mi cara están sus ojos. Dos minutos después me doy cuenta de que mi desaparecida alergia ha regresado. Entristecida, estornudo, lloriqueo y toso. Coco me olfateó la cara a milímetros, y mi única forma de corresponder fue largándome en la noche a mi cama que me recuerda bien, porque es así como por temporadas vivimos: sabiendo que casa es el lugar donde está la almohada.