Coco me olfateó la cara. Si yo soy un perrote negro labrador con alma de gato, Coco está habitada por un perrillo curioso.
Siento unas pezuñas en el estómago, despierto y observo que a dos centímetros de mi cara están sus ojos. Dos minutos después me doy cuenta de que mi desaparecida alergia ha regresado. Entristecida, estornudo, lloriqueo y toso. Coco me olfateó la cara a milímetros, y mi única forma de corresponder fue largándome en la noche a mi cama que me recuerda bien, porque es así como por temporadas vivimos: sabiendo que casa es el lugar donde está la almohada.