viernes, 4 de enero de 2013
Fast learner
El único acto de amor del que no fui consciente fue en cambiar las sábanas a mi partida. Lo hice porque quizá porque yo no soportaría tener su delicioso olor impregnado y sentir que ese hueco en la cama está vacío. Adicta.
Pero sé que no soy aquella que estrujará en sus brazos y le pedirá que se quede. Puedo con eso, con la idea de que todos somos prescindibles, incluso el cabrón con el que compartiste cinco años de tu vida y que un día será un fantasma, a lo James Joyce.
Aprendo rápidamente. Así que cuando la piel se me erizó porque despedirse apesta y está culero y sabes que, de una u otra forma no es suficiente para él, es tiempo de despertar de los sueños de quieromisquince, agarrarse las pelotas y autorreconocerse. Y ser suficiente para vivir, patear traseros y no llorar, con el puño de tierra en la mano.
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