martes, 15 de enero de 2013

Mi analista es como un helado de fresa

Me cuestiona la analista. Si bien soy mujer, tengo 28 años y vivo con mi familia, tomo drogas recetadas como si fueran jelly beans, no tengo estómago y hago cualquier cosa por evitar comer y dejé de odiar mi existencia hace un tiempo aunque me sigo tirando al vacío sin dudarlo, me pregunta cómo veo al objeto de mi afecto. "Perfecto", le contesto.
Y veo su cara transformada, casi diciendo pobre, pobre mujer y sus mandatos de género, su locura y sus historias introyectadas de los no-hermanos Grimm que hablan de sangre, matar brujas con estacas y violar ancianas en casas de jengibre psicotrópico. Pobre ingenua, cuasidamisela en apuros, enconsetada, en tacones de 15 centímetros, sin clítoris.
La perfección no existe, se fue con Audrey Hepburn, quisiera escuchar. Pero me contempla hasta que digo que la perfección ni es tema, que eso es de Disney... y menos Disney en alianza estratégica con Pixar. Mi analista es como un helado de fresa, en mi caso es un gusto adquirido.

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