jueves, 28 de febrero de 2013
Venti green te frapuccino con leche de soya
Estábamos en mi casa, ella sangraba y teníamos que mantenernos en el mood de que no se tomara el ibuprofeno de 800. Vimos películas, nos probamos mis mamelucos. Era el absurdo porque esa cosa sangrienta que se le escurría entre las piernas si se dejaba crecer se convertiría en algo con pies y uñas, como decían en la película de Juno, y usaría mamelucos.
"¿Vamos por un café, güey?" fueron las palabras con las que me mostró que todo ya estaba bien. Y nos sentamos a tomarnos fotos en la mesa de siempre y reímos y volvimos a ser destelleantes, porque por esta vez todo era posible de nuevo. Contrario a lo que se pensaría era abrir una puerta hacia la vida.
"¿Vamos por un café, güey?" fueron las palabras con las que me mostró que todo ya estaba bien. Y nos sentamos a tomarnos fotos en la mesa de siempre y reímos y volvimos a ser destelleantes, porque por esta vez todo era posible de nuevo. Contrario a lo que se pensaría era abrir una puerta hacia la vida.
miércoles, 27 de febrero de 2013
Los cadáveres que dejas en el camino I
Siempre que salíamos a la UTA, aparecía una chica con la que él había tenido sexo. Se lo decía y solo reíamos por mi capacidad de leerlo y de leerlas en el momento incómodo. No había gran ciencia.
La primera vez que lo conocí me rompió las medias, tras compartirme de su pinche Jack atesorado. No recuerdo mucho de las dos veces que cogimos, nada de qué acordarse salvo que el condón estuviera ahí. Me dijo muchas veces que jamás bebiera así si no estaba con él, que iba a valer madre. Como profecía autocumplida, valí madres.
Durante meses me dormí en su cama que olía a humedad y a cigarro, donde compartíamos los terrores nocturnos. Algunas veces él lloraba; otras yo, y es que puta poca madre tenía la vida, nos decíamos.
En esos días, a veces fui insoportablemente feliz.
La primera vez que lo conocí me rompió las medias, tras compartirme de su pinche Jack atesorado. No recuerdo mucho de las dos veces que cogimos, nada de qué acordarse salvo que el condón estuviera ahí. Me dijo muchas veces que jamás bebiera así si no estaba con él, que iba a valer madre. Como profecía autocumplida, valí madres.
Durante meses me dormí en su cama que olía a humedad y a cigarro, donde compartíamos los terrores nocturnos. Algunas veces él lloraba; otras yo, y es que puta poca madre tenía la vida, nos decíamos.
En esos días, a veces fui insoportablemente feliz.
lunes, 25 de febrero de 2013
Arte
Se pone a trabajar enfrente de mí. Pega un chingo de madres en una pared a la que le partió la madre con clavos. Raya una bandera con un lente roto. No entiendo qué es, trato de encontrarle el sentido y las ideas se aglutinan sin propósito. Me enojo un poco.
Luego me doy cuenta de mi molestia: no voy a ser incomprendida porque no tengo ganas de hacer de mis historias grandes proezas.
Luego me doy cuenta de mi molestia: no voy a ser incomprendida porque no tengo ganas de hacer de mis historias grandes proezas.
domingo, 24 de febrero de 2013
El oficio
Ves a los eruditos del "periodismo" hablando de cosas de eruditos, planeando cosas con otros eruditos e ignorando la mirada de los que no están dentro del círculo, en ciclos de personas que ni siquieran tienen que tener la misma cara o el cuerpo, sino que son calcas. Como cuando recortas un muñeco que abraza el mundo y ves la misma figura maltrecha unida de unas manos ficticias.
Uno termina por acostumbrarse a acercarse lo suficiente para meter la grabadora, aprender a preguntar cosas que por sentido común deben preguntarse y correr hacia atrás cuando la bomba de la erudicción salta.
De cualquier forma, lo pienso muchas veces y escucho en mis grabaciones las veces que hablo en voz alta y maldigo y digo "chinga tu madre tres veces", pero en una conclusión general: me la pinchen putos pelan todos.
Uno termina por acostumbrarse a acercarse lo suficiente para meter la grabadora, aprender a preguntar cosas que por sentido común deben preguntarse y correr hacia atrás cuando la bomba de la erudicción salta.
De cualquier forma, lo pienso muchas veces y escucho en mis grabaciones las veces que hablo en voz alta y maldigo y digo "chinga tu madre tres veces", pero en una conclusión general: me la pinchen putos pelan todos.
lunes, 18 de febrero de 2013
Me tocó el 1 billion rasing. Y entre la indiferencia, la hueva y el Sol carcomiéndome la piel, vi a las madres de las desaparecidas. Cientos de mujeres bailando porque sus hijas aparezcan. Y lo único que pude hacer fue reflejar los nombres de esas niñas y oír las historias de este mundo que da vergüenza.
Siempre me preguntaba ¿por qué no sube a la lancha la mujer de los Caballitos de Tarquinia? ¿por qué se queda con su estabilidad asquerosa? Y ahora creo que si cruzaba ese pantano, no habría retorno, y se encontraría pensando en ese hombre que conoció en la playa más de lo que podría pensar en su futuro y en sí misma.
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Aquella vez estaba con E., enojados y yo hasta la madre de él, así que contesté la llamada del hombre que metafóricamente conocí en la playa: "Dile que te duele el estómago, que te vas a tu casa. Nos vemos en una hora y nos comemos unos ácidos". Y dije que no. No me imaginaba que dos o tres años después me iba a subir a la barca... y sin retorno ni destino ni perro ladrando en la orilla de la playa a la vista.
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Aquella vez estaba con E., enojados y yo hasta la madre de él, así que contesté la llamada del hombre que metafóricamente conocí en la playa: "Dile que te duele el estómago, que te vas a tu casa. Nos vemos en una hora y nos comemos unos ácidos". Y dije que no. No me imaginaba que dos o tres años después me iba a subir a la barca... y sin retorno ni destino ni perro ladrando en la orilla de la playa a la vista.
jueves, 14 de febrero de 2013
Bajo las escaleras arrastrándome. Delante de mí, va la superestrella del diario. Ése, el líder de opinión que ayudó a partirle la madre al país. Mira de reojo y luego voltea a verme con terror. Le veo el miedo. Su miedo me satisface, porque por lo menos ese cabrón no puede vivir tranquilo. Me analiza y baja las últimas escaleras.
Sale y yo paso mis cosas por los rayos equis y espero mi turno de taxi. Sigo sonriendo.
Sale y yo paso mis cosas por los rayos equis y espero mi turno de taxi. Sigo sonriendo.
lunes, 11 de febrero de 2013
Me invitan a salir, lo último que quiero hoy es desarrollar mis habilidades de convivencia. Estuve oyendo la música en el Zócalo, haciendo la nota que saldrá en portada y vomitando bilis en un sanirent: para mí el día ha terminado.
Antes de cruzar la calle para entrar a mi redacción, el sujeto me grita: "Ya no voy a volver a confiar en ti".
¿Confiar en mí? Si apenas empiezo a saber cómo confiar en mí, menudo desmadre la idea de que alguien deposite alguna expectativa en esta moral maltrecha.
Digo adiós sin emociones. Paso la bolsa por el aparato de rayos X, la recojo, tomo el elevador y aprieto el tercer piso.
Antes de cruzar la calle para entrar a mi redacción, el sujeto me grita: "Ya no voy a volver a confiar en ti".
¿Confiar en mí? Si apenas empiezo a saber cómo confiar en mí, menudo desmadre la idea de que alguien deposite alguna expectativa en esta moral maltrecha.
Digo adiós sin emociones. Paso la bolsa por el aparato de rayos X, la recojo, tomo el elevador y aprieto el tercer piso.
domingo, 10 de febrero de 2013
viernes, 8 de febrero de 2013
jueves, 7 de febrero de 2013
El corazón es un músculo
Se vuelve cierto, pero espero que en un tiempo ya no me acuerde qué se siente. Porque a veces la piel tiene la capacidad de olvidar y al cerebro se le duerme con dosis. Keep walking con botella en la mano.
A veces no hace falta leer entre líneas, a veces la evidencia es terrible, clara y se gestiona a sí misma. Hoy que entrevistaba para mi texto sobre El padrino, me imaginé que todas experiencias me están transformando. Alguien que lloraba adentro, en medio de mi pecho y que no era ese pájaro azul, era reemplazado por el sonido de las teclas.
domingo, 3 de febrero de 2013
sábado, 2 de febrero de 2013
Serás personaje...
...en las historias que se van a perder, porque no las voy a contar en ese pacto de inexistencia que cruzó los límites y nos perdió justo en un magnético e inexacto triángulo de las Bermudas.
Placenta
Uno aprende que los labios son dulces, la bilis es alcalina y el sabor del sexo es indescriptible. Uno sabe que de nada sirve un IQ de la estatura de un dios, si no se es capaz de arrancarse algo y entregarlo. Uno descubre que no todas las pieles son suaves, ni los ojos son hermosamente rojos, ni cualquier aliento es tan poderoso como para revivir almas tristes y parcialmente muertas.
Pero esas solo son palabras y termina uno trabajando en sábado y quizá respirando placenta de una desconocida,
Pero esas solo son palabras y termina uno trabajando en sábado y quizá respirando placenta de una desconocida,
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