Se pone a trabajar enfrente de mí. Pega un chingo de madres en una pared a la que le partió la madre con clavos. Raya una bandera con un lente roto. No entiendo qué es, trato de encontrarle el sentido y las ideas se aglutinan sin propósito. Me enojo un poco.
Luego me doy cuenta de mi molestia: no voy a ser incomprendida porque no tengo ganas de hacer de mis historias grandes proezas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario