Bajo las escaleras arrastrándome. Delante de mí, va la superestrella del diario. Ése, el líder de opinión que ayudó a partirle la madre al país. Mira de reojo y luego voltea a verme con terror. Le veo el miedo. Su miedo me satisface, porque por lo menos ese cabrón no puede vivir tranquilo. Me analiza y baja las últimas escaleras.
Sale y yo paso mis cosas por los rayos equis y espero mi turno de taxi. Sigo sonriendo.
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