Uno aprende que los labios son dulces, la bilis es alcalina y el sabor del sexo es indescriptible. Uno sabe que de nada sirve un IQ de la estatura de un dios, si no se es capaz de arrancarse algo y entregarlo. Uno descubre que no todas las pieles son suaves, ni los ojos son hermosamente rojos, ni cualquier aliento es tan poderoso como para revivir almas tristes y parcialmente muertas.
Pero esas solo son palabras y termina uno trabajando en sábado y quizá respirando placenta de una desconocida,
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