Siempre me preguntaba ¿por qué no sube a la lancha la mujer de los Caballitos de Tarquinia? ¿por qué se queda con su estabilidad asquerosa? Y ahora creo que si cruzaba ese pantano, no habría retorno, y se encontraría pensando en ese hombre que conoció en la playa más de lo que podría pensar en su futuro y en sí misma.
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Aquella vez estaba con E., enojados y yo hasta
la madre de él, así que contesté la llamada del hombre que
metafóricamente conocí en la playa: "Dile que te duele el estómago, que
te vas a tu casa. Nos vemos en una hora y nos comemos unos ácidos". Y
dije que no. No me imaginaba que dos o tres años después me iba a subir a
la barca... y sin retorno ni destino ni perro ladrando en la orilla de la playa a la vista.
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