lunes, 18 de febrero de 2013

Siempre me preguntaba ¿por qué no sube a la lancha la mujer de los Caballitos de Tarquinia? ¿por qué se queda con su estabilidad asquerosa? Y ahora creo que si cruzaba ese pantano, no habría retorno, y se encontraría pensando en ese hombre que conoció en la playa más de lo que podría pensar en su futuro y en sí misma.


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Aquella vez estaba con E., enojados y yo hasta la madre de él, así que contesté la llamada del hombre que metafóricamente conocí en la playa: "Dile que te duele el estómago, que te vas a tu casa. Nos vemos en una hora y nos comemos unos ácidos". Y dije que no. No me imaginaba que dos o tres años después me iba a subir a la barca... y sin retorno ni destino ni perro ladrando en la orilla de la playa a la vista.

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