martes, 11 de noviembre de 2014

Feliz cumpleaños

Dejé de extrañarlo. Qué aliviadora, pero a la vez qué culera es la indiferencia hacia lo que fue todo.

sábado, 15 de marzo de 2014

Apostarle al amor

Una vez nos quedamos viendo como 20 minutos. Eran tiempos más simples, en los que me caí de cuello en un cuarto de hotel de Tlalpan y nos reímos. ¿Dónde quedó la promesa del perro chico, como Rocco y el grande, como Jammal?
No quedó nada en la última conversación que tuvimos, en la que yo, compulsivamente, te pedía que no te fueras. La recordaré como el día en el que no soportaste mi llanto, y colgaste.
Lo demás ha sido un enfrentamiento con mis deseos, en los que en el fondo no deseó llamar a una línea ocupada. En la que no deseo ser la novia de los domingos. En la que deseo ser deseada, apoyada, cubierta para salir disparando.
Me encontré a mi maestro, con su esposa. La tomaba de una mano con una seguridad que reconocí en ti. Era cómo un recuerdo de que el tiempo se había congelado en un instante que ese mismo profesor nos contaba: le había apostado al amor. Y en esa situación, en la que mi madre me acompañaba, entendí qué significa «apostarle al amor» de verdad. Tú y yo no estuvimos lejos de lograrlo. Yo esperé dieciocho meses para que estuvieras listo. Yo esperé con el cuerpo sudado que fueras a recoger ese cuerpo, que te «pertenecía» en un sentido no romántico, sino práctico. Me toca seguir adelante, soltando el cadáver. Cuesta tanto que siete años sean polvo. Y el polvo también hacer arcilla o ladrillos de cocaína.

martes, 4 de marzo de 2014

Peach Melba

Es helado, pero es recuerdo de un cuento, en el que una niña pide uno y raspa con la cuchara de mango largo el fondo con líquido rosado, tras haber comido la cereza de un mordisco.

Life is peachy

Hoy vi el atardecer que reventaba de rosa mientras íbamos por el Circuito Interior y descubrí cómo se me inflaba el pecho para suspirar. Luego frenamos intempestivamente y regresé a la vida, esa en la que el Sol me hace daño.

Sadomasoquista de dos varos

El dolor y el placer en mí están entretejidos.
Me cuestiona la analista de mis percepciones. Le respondo que, para mí, es un hombre perfecto. Me mira con cara distinta, porque quizá piense que la perfección se acabó con Disney... con Disney cuando compró Pixar.

lunes, 3 de marzo de 2014

Al padre de mis hijos

Quiero que seas el padre de mis hijos, porque no veo a alguien que pueda amarlos más, enseñarles más, procurarles que el alma sea bondadosa y gentil. Porque no hay nadie en este mundo a quien desee darle mi vientre para hacer un proyecto juntos, en el que sí se hace bien habrá seres humanos que rechazarán el maletín del dinero sucio y sentirán que la vida es maravillosa hasta que ya no lo sea.
Y no conozco a nadie más, a quien en la vejez le agradezcan por una paternidad, como pueda ser entendida, en este siglo XXI.

Tormentas en vasos de agua

Estoy atormentada y no se me ha quitado la cara de muerte que traigo encima. Dramatizo, pero hoy hablamos de que este adiós con Edgar era para siempre. Para siempre. Para siempre. Una palabra no permitida a los hombres y que, sin embargo, ha quedado grabada en mí.
Salto, salto, salto... De alegría. Porque de ese hombre lo único que amaba era un reflejo inexistente.
Estoy diez veces más atormentada. Pero ya saldremos de esta, Scooby.

Hasta siempre

Espero. El café del lugar sabe a cola, así que tomo té y esperó un par de horas. Espero a la persona que, sin querer, llevo viendo un año. Para platicar y para coger. Para hablar noches enteras. Para dormir. Nuestra medianía en todos sentidos es absoluta. Podría irme mañana a mi casa y olvidaré que existe unas semanas. Mereces lo que sueñas, ¿no?

La imagen que me gustó de aquel cuerpo de camisa blanca, sosteniendo la cámara, aplastado por el deseo sudoroso de capturar la imagen que era “necesaria” se borra cada día que lo veo, dudoso, angustiado por los miedos más infantiles y con los deseos más imposibles. No puedo decir nada, porque bajo qué poder mi sueño o mi afán es válido. Yo voy a hacer un doctorado que a quién coños le importa.

Estoy en el café que visitaba con Ariel, mi mejor amigo de meses. Podíamos pasar horas hablando por teléfono, y creo que no necesitaba nada. Él pedía una bebida muy específica, con dobles o triples cargas. Venti es de mal gusto, me decía. Y yo pedía Venti porque sí, porque ya era de mal gusto la situación.

Fue también en este café en donde le dije que estaba por su cuenta, tras cuestionar mi acercamiento con Mitchel Johnson, el piloto asesino gringo que me llevó a Garibaldi a conocer el Tenampa.

Me es fácil abandonar, cortar de tajo, ver las líneas de sangre escurrir. Sé causar dolor y eso me crea una culpa infinita. Sólo protejo a dos o tres personas de mis palabras, entonces para los demás queda la complacencia y la lejanía porque no tiene sentido fingir que soy una buena persona. Soy carne cruda que se pudre día tras día bajo la idea de que es finita.
No busco el perdón de nadie ya. Ariel aprendió a vivir sin mí y yo sin él con el pasar del tiempo. Edgar aprendió a vivir con su inmenso egoísmo y sus mentiras repetidas hasta ser verdad.
Hoy será el día en que deje de ver al hombre de la cámara, porque no me basta con ese vínculo pobre y desahuciado.
Me estoy preparando para mi examen y en ello se me va a ir a la semana. Un paso más para iniciar el doctorado, un paso más cerca para no iniciar el doctorado.
Que alguien me bendiga, me ayude, me salve o me aconseje: nadie me dijo sobre las pésimas decisiones de vida.





The lil' prince

Veo la última vitamina verde vejiga del frasco sobre la mesa blanca. Baja por mi traquea no sin antes atorarse un poco. Luego voy por el ácido fólico, la Keratin Enhance y los ácidos omega. Pienso mucho en la manera en la que me convertí en una maniática de la salud nada más por seguir el rastro de vida, por querer vida, por tener un estómago de grapas metálicas que, paradojicamente, me hacen anormalmente sana.

Estoy mal de la cabeza, dicen, porque pienso demasiado tiempo en coger. Estoy mal, dicen, porque debo ser cuidadosa con lo que deseo. Estoy mal, dicen, porque quiero el éxtasis todo el tiempo.  Porque amo humo.

Debería sentirme plana, gris y monótona, ¿no?; pero me siento lunar, sonriente y salpicada de ideas o sueños. Otro día. Dejamos para otro día la miseria moral en la que sucumbo.


La oficina es fría y mi mesa está pegajosa, la limpiaré sin que eso haga la diferencia en nada. O en todo. Dejo abierta la posibilidad de la rutina.

Hoy que me bañaba, con ese ritual de shampoo, jabón, exfoliante y crema para la ducha, recordé la simpleza de mis baños de dos canciones. Siete minutos bastaban. Ahorraba agua.

Mis placeres son aquellos que me parecían lejanos: la taza de café antes de cualquier movimiento, el baño caliente, el desmaquillante en toallitas, el vibrador rosa.

Aún no soy ni una flor ni un zorro domesticado, pero qué no pinches mames cerca de ser un lugar común.

martes, 25 de febrero de 2014

Huevos fritos

Mi mamá llevaba dos días en la cama, deprimida, agazapada debajo las cobijas, viendo los juegos olímpicos de Invierno. Yo me daba esporádicas vueltas para ver si seguía viva, un asunto que nos persigue de años: yo entro, ella dice que está de la chingada, yo salgo y voy al mundo.
Se sabe que todo está de la chingada cuando la casa apesta a frito, específicamente a huevos fritos. Ese olor es el index de la desgracia, del refrigerador vacío, de la pelea de los padres, de la pobreza y el frío.
Antes me escondía en el sueño, luego me escondía entre los pliegues del magnánimo Edgar, luego en mi ayuno eterno, luego en nada. En contemplar la vida, el techo, las series y dejar que se murieran entre pedazos blancos y amarillos grasosos.
Hambrienta, me cubrí la cabeza y salí a buscar una ensalada. No me acompañaba nadie, entonces podía medir mis pasos como quisiera, con la naturalidad de no ir a prisa, pero tampoco de ir rápido.
"No, yo no vine a este mundo a sufrir", me repetí mientras le daba sorbos a mi jugo de betabel, que si lo miras sin detalle tiene el mismo color de la sangre.

domingo, 29 de septiembre de 2013

retrogusto dulzón

No puedo dormir. Los sábados mi cabeza se ha vuelto una bomba de nitrógeno inestable, la que solo necesita de un empujón para estallar.

Me duelen los senos. Quiero menstruar con desesperación. Es quitarse la idea de maternidad de encima.

Aquel amigo me pidió una foto desnuda. Peleamos. No quiero darle nada que yo no quiera a nadie. Es como si algo se hubiera arreglado dentro de mí para darme cuenta de que ahora es mi manera... o la carretera.

Ni tengo una manera, me la estoy construyendo. No estoy anestesiada, no estoy decepcionada, no soy víctima. No soy amatoria, no soy promiscua, no soy mujer, no soy procreadora. Pero sí soy.

Pienso en lo que he experimentado. No siento ni lástima, ni dolor ni placer, quizá un dejo de desprecio, porque la crueldad per se es un repelente. Ese es mi voto; no amar, pero no aplastar la nariz en la mierda fresca.

Yo amé. Cabrón, de un modo ingenuo y ridículo.

Yo amo. A una historia que no sé cómo terminará.

 Yo amaré. Porque vacié todo lo que traía, pero eso se regenera. Tendré más.

Y podré llenar litros, comprar regalos para alguien que no veré en meses y escribirle las mejores líneas, la diferencia es que se lo daré a alguien que tenga ganas.


Ya me había dicho un hombre: "Da eso a alguien a quien sí le importe. Valdrá la pena".

Certeza sabe a domingo.

Y a Jef, le voy a regalar una planta para que la cuide, en sintonía con el freelance que me cayó del cielo, y entienda que ella no le va a hacer daño. Hará el papel que yo no pude.








lunes, 29 de julio de 2013

Jugar a la casita

Me dice que en diez meses viviremos juntos. Ya puso fecha, casa y lugar para que la muñequita quiera jugar a la casita. Se me rompe algo, se astilla por dentro y pienso en que en diez meses yo voy a estar en un ataud, cambiando pañales o con una sonda por sobredosis de mis drogas buenas. Esos no son mis diez meses de horas nalga: son mis diez meses de vivir, no de jugar a vivir.

Me quedé cerca porque me necesitó, así como cualquier otra persona se hubiera quedado. Se quedó porque lo necesité y en esas noches de llanto, de estar paralizada en una esquina sin poder moverme, él llegó para levantarme, ponerme la pastilla bajo la lengua y esperar.

Fue él quien estuvo ahí, mentalmente, mientras yo sostenía la bolsa con los ovarios reventados de mi madre.

Diez meses, río. No lo juzgo, pero su ingenuidad es casi insultante, así como lo es mi alma predadora y navajeada.

domingo, 28 de julio de 2013

Que me quieran querer...

Después de 45 llamadas, tres taxis, dos eventos inconclusos y una oración del taxista para mí de su Dios cristiano al que debo temer, me pongo borracha en el concierto al que fui a cubrir.

Me voy bailando todo Juarez. Uso los tubos, me subo a las bancas, me imagino que soy Björk en it' oh so quiet, pero en mexicana y con sobrepeso. "Tienes piernas deliciosas", me dice Jimena. "¿A qué horas cierran?", me preguntan. "Son 24 horas, como un oxxo".

Pero pienso y serían como un oxxo de ventanita con un señor malhumorado que atiende a quien quiere, y de malas. Con dolor y amor adentro, inservible.

La primera parada es el Allende Red.
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Me dice que vayamos a un hotel. Yo acepto. Le veo los rizos color paja como de hippie de Coyoacán. No me imagino siendo descuartizada por un güey de ojos tan bondadosos. Mis amigos se enojarán y no contestarán el teléfono. Me vale dos kilos de verga su cuadrito en milímetros de bondad y maldad.

El de coyoacán resulta ser de Kansas, como Dorothy y Superman. Habla seis idiomas y algo me suena raro: iraní e iraquí. US Army, por supuesto. La tristeza en los ojos me lo confirma.

"Estás triste", le digo con la asertividad de una rata.
"Estoy solo", me contesta.

Y no puede haber más sinceridad cuando le digo que yo también, a pesar de que en cierto sentido lo veo como un logro. "Mi soledad me está matando", canto como Selena Gomez.
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Me pregunta si alguien ya me había cogido así. Sí, contesto. Y la única persona en la que pienso es en Richard. Hay pocos Richards, pero muchos Dicks. Me había cogido mejor. Mil veces. Pero qué mas da cuando no puedes amar el vacío que te arrojan para que te entretengas.

Él dice que quiere que sea la madre de sus hijos. Niños de coyoacán muy inteligentes, le digo.

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En la mañana, cuando pregunta cuándo nos vemos, le respondo que luego, después.

No estoy acostumbrada a que me quieran amar.




domingo, 9 de junio de 2013

"¿Cómo estás?".
 "Increíble, pregúntame cómo ", le contesto y me relamo los labios, luego vuelvo a dormir.

"¿Cómo estás?", insiste.
"En paz", digo y duermo.

Y esa respuesta me explica el Universo.




miércoles, 29 de mayo de 2013

Rostizada, con medio cuerpo ardiendo, con el desierto en los ojos más que impregnado pensé en varias cosas: que el motivo de mi tristeza bordada desde los zapatos se debe a una lista enorme de malas elecciones.

Pero que el mundo es grande, generoso y que un día despertaré sin esa sensación de fracaso, de no ser lo suficientemente interesante, cool, "amable" para las personas que he amado, y que se diluyen en la poción dramática del olvido sobre la que nadie ha podido intervenir. He amado, amo, qué más da ya ahora.

Entonces solo queda soltar, esperar que la construcción de la muralla interna prospere y comprarse un boleto al pinche y ridículo futuro en el que estoy vieja acariciando mis recuerdos sin arrepentimiento.

Ya veo por qué hay personas que viajan con el fuck off y el escupitajo en los labios: porque para ellos tampoco hubo nada de lo que hubieran querido en su historia, porque todo estaba mal.

En mi ingenuidad, aún voy a apostar. Sí y solo sí tengo un as tramposo y seductor bajo la manga.

Tengo su ropa puesta como un disfraz. Siempre tengo frío y es extraño, pero esta vez siento que voy a poder ser vista. "¡Estoy aquí!"... otra vez eso no pasa.

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"Qué bonita estás", se despide. Y yo no sé cómo reaccionar, porque nunca ha significado nada. Y ahora quizá sí.

lunes, 8 de abril de 2013

La espera

Das un paso, yo doy cinco. Retrocedes, me largo doce metros. Pero en ese tira y afloja alcanzo a sentir tu aliento y lo tibio de tu piel; creo que eres tú por quien haría cualquier cosa, incluso abandonar mi casa y construirme una entre tus brazos.











Incluso si por ahora no tienes ganas de abrazarme.

jueves, 28 de febrero de 2013

Mi hermana se va a hablar de la palabra de Dios a Oaxaca. En mi mundo imaginario le regalé a mi papá para que estuviera mejor que yo, para que tuviera todo aquello que no tuve yo. Él y yo fallamos.

Venti green te frapuccino con leche de soya

Estábamos en mi casa, ella sangraba y teníamos que mantenernos en el mood de que no se tomara el ibuprofeno de 800. Vimos películas, nos probamos mis mamelucos. Era el absurdo porque esa cosa sangrienta que se le escurría entre las piernas si se dejaba crecer se convertiría en algo con pies y uñas, como decían en la película de Juno, y usaría mamelucos.
"¿Vamos por un café, güey?" fueron las palabras con las que me mostró que todo ya estaba bien. Y nos sentamos a tomarnos fotos en la mesa de siempre y reímos y volvimos a ser destelleantes, porque por esta vez todo era posible de nuevo. Contrario a lo que se pensaría era abrir una puerta hacia la vida.

miércoles, 27 de febrero de 2013

Vine a Puebla a enfrentarme en millones de recuerdos, todos aglutinados en echarle burbujas en la cara al güey que me había prohibido hacer no sé que madres afuera de la catedral.
Creo que era lanzar burbujas.
Para muchas cosas, no soy una pendeja. No soy una pendeja para muchas cosas.

Los cadáveres que dejas en el camino I

Siempre que salíamos a la UTA, aparecía una chica con la que él había tenido sexo. Se lo decía y solo reíamos por mi capacidad de leerlo y de leerlas en el momento incómodo. No había gran ciencia.
La primera vez que lo conocí me rompió las medias, tras compartirme de su pinche Jack atesorado. No recuerdo mucho de las dos veces que cogimos, nada de qué acordarse salvo que el condón estuviera ahí. Me dijo muchas veces que jamás bebiera así si no estaba con él, que iba a valer madre. Como profecía autocumplida, valí madres.
Durante meses me dormí en su cama que olía a humedad y a cigarro, donde compartíamos los terrores nocturnos. Algunas veces él lloraba; otras yo, y es que puta poca madre tenía la vida, nos decíamos.

En esos días, a veces fui insoportablemente feliz.

lunes, 25 de febrero de 2013

Arte

Se pone a trabajar enfrente de mí. Pega un chingo de madres en una pared a la que le partió la madre con clavos. Raya una bandera con un lente roto. No entiendo qué es, trato de encontrarle el sentido y las ideas se aglutinan sin propósito. Me enojo un poco.
Luego me doy cuenta de mi molestia: no voy a ser incomprendida porque no tengo ganas de hacer de mis historias grandes proezas.


No voy a tomar el otro trabajo. No voy a cargarle las bolsas a mi madre. No voy a lidiar con el miedo sexual de la gente y menos con el emocional. No voy a volver al mismo punto una y otra vez como si las paredes fueran elásticas.

Ya estoy cansada de tanta mamada.

domingo, 24 de febrero de 2013

El oficio

Ves a los eruditos del "periodismo" hablando de cosas de eruditos, planeando cosas con otros eruditos e ignorando la mirada de los que no están dentro del círculo, en ciclos de personas que ni siquieran tienen que tener la misma cara o el cuerpo, sino que son calcas. Como cuando recortas un muñeco que abraza el mundo y ves la misma figura maltrecha unida de unas manos ficticias.

Uno termina por acostumbrarse a acercarse lo suficiente para meter la grabadora, aprender a preguntar cosas que por sentido común deben preguntarse y correr hacia atrás cuando la bomba de la erudicción salta.

De cualquier forma, lo pienso muchas veces y escucho en mis grabaciones las veces que hablo en voz alta y maldigo y digo "chinga tu madre tres veces", pero en una conclusión general: me la pinchen putos pelan todos.
No puedo dormir.

lunes, 18 de febrero de 2013

Me tocó el 1 billion rasing. Y entre la indiferencia, la hueva y el Sol carcomiéndome la piel, vi a las madres de las desaparecidas. Cientos de mujeres bailando porque sus hijas aparezcan. Y lo único que pude hacer fue reflejar los nombres de esas niñas y oír las historias de este mundo que da vergüenza.
Siempre me preguntaba ¿por qué no sube a la lancha la mujer de los Caballitos de Tarquinia? ¿por qué se queda con su estabilidad asquerosa? Y ahora creo que si cruzaba ese pantano, no habría retorno, y se encontraría pensando en ese hombre que conoció en la playa más de lo que podría pensar en su futuro y en sí misma.


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Aquella vez estaba con E., enojados y yo hasta la madre de él, así que contesté la llamada del hombre que metafóricamente conocí en la playa: "Dile que te duele el estómago, que te vas a tu casa. Nos vemos en una hora y nos comemos unos ácidos". Y dije que no. No me imaginaba que dos o tres años después me iba a subir a la barca... y sin retorno ni destino ni perro ladrando en la orilla de la playa a la vista.
Hace unas horas lloré a gritos como hace años que no lo hacía. Chillé como ratón hasta que comí mocos.

jueves, 14 de febrero de 2013

Bajo las escaleras arrastrándome. Delante de mí, va la superestrella del diario. Ése, el líder de opinión que ayudó a partirle la madre al país. Mira de reojo y luego voltea a verme con terror. Le veo el miedo. Su miedo me satisface, porque por lo menos ese cabrón no puede vivir tranquilo. Me analiza y baja las últimas escaleras.
Sale y yo paso mis cosas por los rayos equis y espero mi turno de taxi. Sigo sonriendo.

lunes, 11 de febrero de 2013



Me invitan a salir, lo último que quiero hoy es desarrollar mis habilidades de convivencia. Estuve oyendo la música en el Zócalo, haciendo la nota que saldrá en portada y vomitando bilis en un sanirent: para mí el día ha terminado.
Antes de cruzar la calle para entrar a mi redacción, el sujeto me grita: "Ya no voy a volver a confiar en ti".
¿Confiar en mí? Si apenas empiezo a saber cómo confiar en mí, menudo desmadre la idea de que alguien deposite alguna expectativa en esta moral maltrecha.

Digo adiós sin emociones. Paso la bolsa por el aparato de rayos X, la recojo, tomo el elevador y aprieto el tercer piso.

domingo, 10 de febrero de 2013

viernes, 8 de febrero de 2013

Esta es una expectativa ya madurada. Le quitamos la piel, la ponemos en el triturador y voilá: tenemos una linda composta para el jardín.

jueves, 7 de febrero de 2013

El corazón es un músculo

Se vuelve cierto, pero espero que en un tiempo ya no me acuerde qué se siente. Porque a veces la piel tiene la capacidad de olvidar y al cerebro se le duerme con dosis. Keep walking con botella en la mano.
A veces no hace falta leer entre líneas, a veces la evidencia es terrible, clara y se gestiona a sí misma. Hoy que entrevistaba para mi texto sobre El padrino, me imaginé que todas experiencias me están transformando. Alguien que lloraba adentro, en medio de mi pecho y que no era ese pájaro azul, era reemplazado por el sonido de las teclas.

domingo, 3 de febrero de 2013

sábado, 2 de febrero de 2013

Serás personaje...

...en las historias que se van a perder, porque no las voy a contar en ese pacto de inexistencia que cruzó los límites y nos perdió justo en un magnético e inexacto triángulo de las Bermudas.


Placenta

Uno aprende que los labios son dulces, la bilis es alcalina y el sabor del sexo es indescriptible. Uno sabe que de nada sirve un IQ de la estatura de un dios, si no se es capaz de arrancarse algo y entregarlo. Uno descubre que no todas las pieles son suaves, ni los ojos son hermosamente rojos, ni cualquier aliento es tan poderoso como para revivir almas tristes y parcialmente muertas.
Pero esas solo son palabras y termina uno trabajando en sábado y quizá respirando placenta de una desconocida,

jueves, 31 de enero de 2013

Calzones

"Quiero mi país", me quejo frente a una rebanada de pastel de queso. "Quiero mi almohada, mi cama, mis cosas", es lo que realmente quiero. Y pienso en esa pegajosa sensación de soledad que ha terminado por volverse parte de mí, que ya no asusta porque la única certeza que tengo hasta ahora es que me tengo que agarrar de mi propia sombra.
Mañana tengo entrevista con los protagonistas de una serie. Desde mi ventana veo las embarcaciones y desde el piso séptimo pienso en que he estado en estas situaciones algunas veces, la mayoría de ella, me aburren.
Mi emoción más grande del día fue comprarme calzones, de colores, con letreros en las nalgas. 

El futuro // Julio Cortázar

Y sé muy bien que no estarás.
No estarás en la calle,
en el murmullo que brota de noche
de los postes de alumbrado,
ni en el gesto de elegir el menú,
ni en la sonrisa que alivia
los completos de los subtes,
ni en los libros prestados
ni en el hasta mañana.

No estarás en mis sueños,
en el destino original
de mis palabras,
ni en una cifra telefónica estarás
o en el color de un par de guantes
o una blusa.

Me enojaré amor mío,
sin que sea por ti,
y compraré bombones
pero no para ti,
me pararé en la esquina
a la que no vendrás,
y diré las palabras que se dicen
y comeré las cosas que se comen
y soñaré las cosas que se sueñan
y sé muy bien que no estarás,
ni aquí adentro, la cárcel
donde aún te retengo,
ni allí fuera, este río de calles
y de puentes.

No estarás para nada,
no serás ni recuerdo,
y cuando piense en ti
pensaré un pensamiento
que oscuramente
trata de acordarse de ti.

miércoles, 30 de enero de 2013

martes, 29 de enero de 2013

Nosotros
  Nos
    Otros



Adiós, Coco.

Coco me olfateó la cara. Si yo soy un perrote negro labrador con alma de gato, Coco está habitada por un perrillo curioso.
Siento unas pezuñas en el estómago, despierto y observo que a dos centímetros de mi cara están sus ojos. Dos minutos después me doy cuenta de que mi desaparecida alergia ha regresado. Entristecida, estornudo, lloriqueo y toso. Coco me olfateó la cara a milímetros, y mi única forma de corresponder fue largándome en la noche a mi cama que me recuerda bien, porque es así como por temporadas vivimos: sabiendo que casa es el lugar donde está la almohada.

lunes, 28 de enero de 2013

sábado, 26 de enero de 2013

El foco se me está fundiendo. Se sabía que había mierda en el piso, pero no sabía que estaba chapoteando en ella.

Fuck, fuck, fuck

La memoria...

Me invitaron a salir. Yo tenía años que no quería divertirme con sus mamadas de lugares ruidosos, llenos de cuerpos, de gente. Años. Odiaba la sensación de ese alcohol, su efecto, la suciedad que me hace sentir la mente.
Cuando vi el aserrín casi en mi cara, cuando estaba sobre el piso por el connato de balacera, mi amiga sosteniendo el universo con su vaso de tequila, pensé en que sí me iba a morir y el proceso no iba a estar chido.

Eufuria

Yo nunca he tenido miedo de él, ni de la euforia ni de la tristeza ni de la hipnosis que me provocan sus ojos. No hablo de él, con nadie, por lo incomprensible de la situación. Mujer de 28 años, junkie legal, ama como niña de 12 años y desea como anciana que anhela y necesita con urgencia la humedad de sus cavidades.

La sangre escurriendo entre mis piernas, como la primera vez que experimentas la menstruación y te asusta y te complace, pero te va puliendo para parecerte a una mujer. Él me da una toalla y yo chorreo, ya adulta, en esa mezcla de deseo, dolor y placer. 

A mí que la ciencia me pruebe que estoy equivocada. ¿Equivocada en qué?

En cualquier cosa. Yo no dudo.

Asquerosamente saludable

Podré valer verga de muchos modos, pero estoy asquerosamente sana. Lo comprueban mis dos mil varos de revisión y estudios. VIH free, ETS free, anemia y padecimientos de hígado free, pussy inmaculada. Estoy increíblemente sana. Reboto de salud.
Bailo desnuda rodeando los árboles del bosque prohibido como una bruja, como una chingada hada desterrada, como un búfalo que busca su casa y la encuentra completa y con sus crías vivas.

Estoy enloqueciendo de sanidad física. No obstante, mi mente es ese desierto que no quieres visitar de noche.

viernes, 25 de enero de 2013

Estoy enamorada, muerdo infinitos.

y en ese asunto solo lo controlamos y decidimos yo y mi imperio.

You...
 and whose army?







miércoles, 23 de enero de 2013

martes, 22 de enero de 2013

La clonación es pecado

Extraño de la forma más culera, menos sublime, más ostentosa. Y lidio con ello a través del olvido sublingüal, del trabajo, de muchas cobijas. A veces cruza, más veces de las que soporto, y hago como que no veo, no siento, no recuerdo.
Quiero ser impertinente, atrevida, exigente: "¡Ámame, deséame, detenme, puta madre!". 
Luego me sitúo: me baño y me largo a trabajar 12 horas o más.



sábado, 19 de enero de 2013

Cinco mariachis bailando

Le lanzan un sombrero al cantante: los mariachis bailan mejor que yo incluso cuando iba tantas horas a aprender coreografías, me ataba una cinta en la mano para distinguir izquierda de derecha y me encantaba sentir el dolor de mis piernas estiradas, en un compás innecesariamente abierto.
"Nada me han enseñado los años, otra vez a brindar con extraños", se oye.  En mi universo, él sigue siendo absoluto. Nobody was really sure if he was from the House of Lords.

jueves, 17 de enero de 2013


"No soy niña frágil, no soy una niña sin padres, no tengo problemas de drástica elucubración o de obscuridad traumática que hacen que no quiera tales cosas. Soy una mujer normal, feliz, profundamente independiente, profundamente temerosa de lo que los amantes depositan. '¡¿Qué yo soy tu vida?!' Tú eres tu vida, en todo caso yo te amo y punto. Si no me quieres amar ese es tu problema, debería ser tu problema". B.B
Hoy me decía el productor que su actriz, esa chica sosa y rubia sentada a mi lado derecho, tenía una línea en la obra muy importante en la que hablaba de que había decidido no tener la responsabilidad de ser amada ni de amar. Amé la frase mal dicha y los montones de arena del set, los libros rojos, el refrigerador y la máquina de escribir. Luego llegó la nada de nuevo, el respiro no sustancioso, el metro y las no-làgrimas.

Hoy soñé con él, que estábamos acostados sobre un edificio giratorio lleno de pasto y albañiles. Me gustaba su fuerza.
Valiendo verga no more es el nombre de mi banda.
"Que no dude" es la única cosa que he deseado varias veces. Es mi nueva fantasía que se come a sí misma.
Hoy soñé con él, que estábamos recargados en un edificio giratorio con pasto.

martes, 15 de enero de 2013

Admitir

Me especifica que ahora soy su número frecuente. Siento chingón, luego feo, después nada. Amo mi increíble capacidad de que casi todo me valga mierda.

Mi analista es como un helado de fresa

Me cuestiona la analista. Si bien soy mujer, tengo 28 años y vivo con mi familia, tomo drogas recetadas como si fueran jelly beans, no tengo estómago y hago cualquier cosa por evitar comer y dejé de odiar mi existencia hace un tiempo aunque me sigo tirando al vacío sin dudarlo, me pregunta cómo veo al objeto de mi afecto. "Perfecto", le contesto.
Y veo su cara transformada, casi diciendo pobre, pobre mujer y sus mandatos de género, su locura y sus historias introyectadas de los no-hermanos Grimm que hablan de sangre, matar brujas con estacas y violar ancianas en casas de jengibre psicotrópico. Pobre ingenua, cuasidamisela en apuros, enconsetada, en tacones de 15 centímetros, sin clítoris.
La perfección no existe, se fue con Audrey Hepburn, quisiera escuchar. Pero me contempla hasta que digo que la perfección ni es tema, que eso es de Disney... y menos Disney en alianza estratégica con Pixar. Mi analista es como un helado de fresa, en mi caso es un gusto adquirido.

La astilla en el dedo..

lunes, 14 de enero de 2013

Lust and love

Comprendí que ese deseo que uno no comparte por el otro se vuelve una masa pegajosa sobre la que se adhieren moscas y mierda. Caminar con las manos y escupir veneno verde.
Un día voy a poseer más que lo que tengo ahora: voy a tener tierras, heridas, espalda...

Soy una neurótica

Es como si me hubieran hecho polvo. Yo no quiero mirar así, de lado, a partir de este momento. Yo quiero girar y sentir; como Anais Nin, yo quiero el éxtasis.

La máquina de coser

Hacen un desmadre y puedo escuchar cómo mueven los muebles: se escucha el pedal de la máquina de coser desde siempre, pero hoy es insoportable. Se murió la anciana del piso de arriba y siento que ni siquiera se ha enfriado lo suficiente y ya están deshilando, desbaratando, desmantelando, desapareciendo sus pertenencias que seguramente huelen a orina y vejez.

viernes, 4 de enero de 2013

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No pasar por la lengua lo que se siente, porque se vuelve una maraña. Pero afilo mis dientes y mi sonrisa, para descubrir que de ninguna manera voy a dejar de formular las cosas que quiero y mediarlas a través de las palabras.

Fast learner

El único acto de amor del que no fui consciente fue en cambiar las sábanas a mi partida. Lo hice porque quizá porque yo no soportaría tener su delicioso olor impregnado y sentir que ese hueco en la cama está vacío. Adicta. Pero sé que no soy aquella que estrujará en sus brazos y le pedirá que se quede. Puedo con eso, con la idea de que todos somos prescindibles, incluso el cabrón con el que compartiste cinco años de tu vida y que un día será un fantasma, a lo James Joyce. Aprendo rápidamente. Así que cuando la piel se me erizó porque despedirse apesta y está culero y sabes que, de una u otra forma no es suficiente para él, es tiempo de despertar de los sueños de quieromisquince, agarrarse las pelotas y autorreconocerse. Y ser suficiente para vivir, patear traseros y no llorar, con el puño de tierra en la mano.

domingo, 30 de diciembre de 2012

Porque supe correr a tiempo, again

Nadie te enseña a correr. un día te arrastras, al otro día das dos pasos y así, ad infinitum.

Hace un año...

se me estaban yendo las tripas por las lágrimas. Hoy puedo decir que qué chingón y sorpresivo, terrible y hermoso, todo lo que me ha pasado. Respiro burbujas ensangrentadas.

sábado, 28 de enero de 2012

"Me, my pappy and his lemonade"

Es raro darte cuenta de que puedes vivir sola. Que está sobrevalorada la idea de tener un sujeto que se convierte en objeto de depósito de todo lo que uno no es y de lo que quiere ser. A mí no me pasó nada a lo largo de descubrir qué fácil es la soledad, a pesar de que se amontonen las caravanas de ropa, los libros, las películas, las ganas de perderse y saltar. Yo nunca salto, mi miedo al vacío es aún más grande que cualquier otra cosa. Let's drink a toast. ¿Por qué? Porque sobreviví. Porque me contuve. Porque supe correr a tiempo, again. Nomás por eso.

viernes, 27 de enero de 2012

Yo no tenía nada...

... y no me importaban las mujeres semidesnudas, los topless, media hermosa Argentina vacacionando, la piel perfecta, los músculos. Ass, ass, ass. I'm sexy and I know it. No me quité la ropa ni los audífonos. Para qué quería el mar si tenía mi propio sonido. Quería gritar. Quería drogas. Quería más gotitas. Y andaba con mi frasco de rivotril como una teta materna. Por la noche cerraba los ojos y esperaba que nada estuviera pasando. Yo no tenía nada. Pero en ese vacío, en lo ridículo y sorpresivo y absurdo que es despertarse "lack of" me di cuenta de que sí tenía algo: el instinto de vida que me hubiera dado pena reconocer. Ya nada más me faltaba tener Dios... fe y pagar mis impuestos. Hacienda me iba a coger y yo seguía pensando en que carecía de todo: por lo menos no me iba a faltar cárcel. Ni dolor. Ni una funda de la almohada sobre la cabeza, como dice la canción. "Me, my pappy and his lemonade".

Lágrimas en los tacos

Yo traía mi gorra de Hello Kitty y no me había bañado: era una mugrosa en chanclas. Traía los pegotes del rimmel corrido del día anterior y la tristeza muy metida en el pecho, como corcho de vino tinto. "Puta madre. Pinche puto. Puuuuto", me repetía durante las cuadras y cuadras en las que caminaba con Dro buscando comida. Entramos a un lugar de carnitas, en donde el olor a grasa me impregnó la piel. Nauseas. El olor a frito es una de las pesadillas que recurren a mí, por eso siempre odiaba comer cuando trabajaba. Sentía que el olor se me había metido en los poros, en los dientes, en el cabello, y que no importaba cuánta pasta usara, siempre tendría ese tufillo asqueroso. Pero no importó en esa ocasión tanto. Pedí agua de horchata, dulzona. Pedí una quesadilla de queso y se burlaron. "La quesadilla de queso". "Pinches putos todos", pensé. Y a mitad de la mordida de Dro de uno de buche, y con un par de más de tripa con un chingo de salsa en el plato, me puse a llorar. Lloré hasta que tenía una montaña de bolitas de servilleta y la mirada atenta de los comensales, que seguramente apestaban a resaca. Yo apestaba a tristeza y me di cuenta de que sí, uno va con su nube negra a cualquier destino por más tropical que sea. Lloré sobre la mesa, mientras mi amiga pedía otro más de "gordito" con todo. Con todo. Ella quería todo, yo no tenía nada.